La cantante Gloria Estefan inundó Chile con una lluvia de ritmos latinos, en un único concierto repleto de vida, reivindicaciones políticas y con la actuación estelar de su hija Emily Estefan, de 14 años.
Después de diez años de espera, un público expectante recibió anoche a la solista estadounidense de origen cubano, que apareció con media hora de retraso que le perdonaron rápidamente tras oír las primeras notas de Mi cuerpo pide salsa.
Estefan, con 70 millones de discos vendidos y siete Grammys a la espalda, subió al escenario vestida con un conjunto rojo pasión, que combinaba camisa y falda con una flor del mismo color.
Sin dejar de saltar, la cantante contagió a los congregados en el estadio Movistar Arena, prácticamente a rebosar, sus ritmos más calientes, y pidió a las fuerzas de seguridad que dejaran bailar libremente a aquellos que lo necesitaran.
No faltó la aparición de Emilio Estefan, su marido, productor y director musical, quien levantó una bandera cubana ante los gritos de aprobación de las gradas.
En la tarima convivían hasta 16 músicos de la banda Miami Sound Machine, a la que en el ecuador del espectáculo se unió la preferida de la cantante, su heredera Emily Estefan.
El público se recuperó a partir del reencuentro con la primera dama de la noche, ahora vestida con tonos blancos y azul turquesa, quien interpretó Hoy con un sabor particularmente andino, e ilustrado con imágenes de Machu Pichu en las pantallas laterales.
El viaje continuó de Perú a Cuba, y de la isla a Brasil, a donde trasladó a los chilenos presentes con su Santo Santo, que movió hasta las últimas caderas del estadio.
Fuente: Ritmoson