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Revelar un secreto siempre es complicado. Sin embargo, en una relación de pareja que se basa en la confianza, los secretos no deben existir. Sobre todo si son mentiras que tarde o temprano saldrán a la luz. Todos contamos con información que pertenece al ámbito personal y detalles íntimos que nunca revelaríamos.
Un claro ejemplo son la contraseña de Facebook o un recuerdo poco feliz de la niñez. No tiene nada de malo conservar dicha información para uno mismo, si es que no hace daño a nadie. Todos tienen derecho a la privacidad, por más que estén en una relación amorosa. Pero abrir esa caja fuerte y compartir el contenido con la pareja, a pesar de las consecuencias, es un acto de suprema confianza.
Hay que tener en cuenta que las mentiras en una pareja es sinónimo de poca confianza. El número y la gravedad de mentiras y secretos son indicadores de cuán sólida o débil es una relación. La persona que revela un secreto debe saber que el ser amado tiene derecho a reaccionar mal y hasta terminar la relación por sentirse traicionada.
Luz Freitas / NetJoven