
La concentración es un proceso mental el cual permite el aprendizaje, el razonamiento, la memoria y la abstracción, entre otras funciones cerebrales. Todas son claves para nuestro desarrollo personal, explican especialistas.
Pero muchas veces no es fácil enfocarse en una sola actividad, pensamiento u objeto, puede ser por el estrés, problemas físicos o condiciones particulares, como el déficit de atención o la depresión. También puede ser por distracciones alrededor. Para evitar estas dificultades, lleva en práctica estos métodos y conviértelas en hábitos y verás los resultados.
También existe la falta de concentración en clases, los dispositivos móviles se ha convertido en una gran fuente distracción en los estudiantes mientras atienden a clases, de hecho, hay desarrolladores que se han animado a estimular a los estudiantes a dejar de revisar sus celulares y los recompensan con dinero, lo cual suena divertido pero nos da una idea hasta donde ha llegado este problema que se ha convertido en una oportunidad de negocio para emprendedores.
«La concentración debe entrenarse desde la edad preescolar con tareas, reglas y normas de convivencia» menciona la psicóloga Cecilia Castro.
Reconoce los factores externos como el ruido, desorden, iluminación inadecuada y los internos como dificultad emocional, dolor físico; los cuales te impiden concentrarte y terminar tu tarea.
Intercala los momentos de concentración con pausas para despejar la mente. Puedes salir a tomar aire fresco y estirar las piernas. De acuerdo a un estudio realizado por la Universidad de Michigan, Estados Unidos, demostró que ir a parques o jardines ayuda a descansar la mente porque te liberas del estrés.

Planifica tus actividades diarias, usa una agenda, una pizarra indeleble o alguna aplicación de programación de actividades de tu teléfono móvil. Escribe el tipo de actividad por realizar y la fecha en la que debes acabarla.
Escribir a mano o asociar imágenes con conceptos facilita la concentración y el aprendizaje, así estarás consolidando tu memoria a corto y largo plazo.
El descanso nocturno reparador, de ocho horas, restaura la función cognitiva noche tras noche; ya que así el cerebro mejora su rendimiento en estado de vigía, recordando y procesando mejor la información que ha recibido.