Hay quienes piensan que la relación de pareja es sinónimo de estabilidad, muchas veces no es así.
El análisis de los casos que acuden a terapia nos lleva a entender que existen relaciones que se establecen por razones muy distintas al amor. Hay parejas que se unen por dinero o para mantener un status. Muchos consideran que la fuerza que une a dos personas es el hecho de disfrutar del beneficio de tener niños, nietos, o alguien al lado siempre. Todas estas razones pueden ser ciertas, siempre y cuando los dos sean honestos antes de empezar.
Hemos querido empezar esta columna hablando de las parejas que se unen para seguir peleando. En el consultorio encontramos muchos casos en los que el hecho de mantenerse peleando pareciera tener un valor importante para algunas parejas. Esta gente no podría estar unida con alguien que le brinde reposo, paz o una situación libre de conflictos. El análisis de estas situaciones nos permite conocer cuál de los dos es más belicoso, y ése es el que tiene una carga permanente de tensión. Estas personas no pueden estar tranquilas. Tienen tal nivel de inestabilidad que si no encuentran una forma de desahogarse pueden llegar a tener una fuerte crisis de ansiedad, o de angustia.
A estas personas les cae bien “una relación en permanente estado de conflicto”. Los motivos son variados, sólo se necesita un detalle mínimo para iniciar la guerra, que será el motor para desfogar una mente que siempre está a punto de estallar y donde la pelea doméstica se convierte en una estupenda válvula de escape que produce tranquilidad.
Algunas de las razones más comunes que inician esta bronca hogareña: porque ella no escucha lo que él dijo; porque él llegó de la calle y encontró bulla en casa; porque ella cocina siempre lo mismo; porque él ni siquiera le comenta acerca de su nuevo peinado; porque le faltó sal a la sopa, porque no saludaste a mi hermana, etc. Este tipo de personalidades se van a encontrar en personas probablemente con perfil adictivo -como por ejemplo los grandes bebedores o fumadores- quienes muestran esta tendencia producto de la irritabilidad que tienen. Está también presente esta conducta en personas muy infantiles que siguen reclamándole al padre o madre la atención que no recibieron de pequeños.
Muchos dicen que estas relaciones o uniones ya están destruidas y muertas antes de empezar a andar y que la conducta hostil y exigente sólo es un síntoma de que no están hechos para vivir en pareja.
Cuando esto sucede lo recomendable es que los dos busquen ayuda profesional, porque ni aguantar ni esperar que el otro cambie va a ser la solución del problema.
Hasta la próxima…
Por: Doctor Jorge Garibotto / Psicólogo