
Le dieron una cucharada de su propia medicina. Este bromista tuvo que correr por su vida, debido a que se atrevió a hacerle una jugarreta a la persona equivocada.
En la ciudad, encontró una serie de víctimas que cayeron en su broma. Él les colocaba una culebra falsa que estaba pegada con un hilo para que así las personas creyeran que los perseguían por más que huyeran.
Sin embargo, con el dueño de la camioneta tuvo una reacción que no se esperaba, ya que la ira se apoderó del hombre y sacó lo que parecía ser un arma, con la cual comenzó a amenazarlo. ¿Se habrá salvado del peligro este bromista?