
Lana es una perra mestiza que no ha tenido una vida fácil. Al nacer fue la más pequeña de su camada y como nadie la quiso adoptar terminó en un refugio. Sus primeros dias en el albergue intentó morder a los veterinarios que querían alimentarla; pasaba horas metida en su jaula, sin probar agua, ni jugaba.
Cuando promovían la adopción de mascotas Lana siempre salía triste en las fotos, eso hizo que la conocieran como «el perro más triste del mundo». Pasaron tres años; llegaban familias buscando cachorritos y como Lana era grande pocos la volteaban a ver y si lo hacían se arrepentían por su agresividad y tristeza.
Un día los líderes del refugio pensaron que debían hacer un espacio para otros perros que necesitaban ayuda y optaron por sacrificar a los que tenían más tiempo ahí. Lana era la primera en la lista. Una de las veterinarias de la guardia nocturna la escucho llorar la noche antes de ser sacrificada, se acercó a ella y Lana no paró de sonreír y jugar, como si rogará que no la sacrificaran.
La doctora se dio cuenta que no era justo que un animal inocente, tuviera un final trágico. Tomó su celular e hizo un último intento de encontrarle hogar. Subió unas imágenes en Facebook contando la historia de Lana. 20 minutos después tenía más de 10 mil personas escribiendo a la página de albergue pidiendo a Lana para cuidarla. Además, ofrecieron dinero para llevarla a un hogar temporal y que no fuera sacrificada; se reunieron más de 15 mil dólares.
Una familia que vivía fuera de la ciudad insistió en darle la oportunidad de tener una vida feliz y llena de amor. Ahora lana tiene mucho espacio para correr, en el patio que comparte con otros dos perros. No le falta comida ni juguetes, sobre todo tiene el amor que por mucho tiempo le negaron.
