El misterio de las piedras deslizantes

Las piedras rodantes o también conocidas como piedras deslizantes son un fenómeno geológico por el cual las rocas se mueven sin intervención humana o animal, y dejan largas trazas a modo de surco (hendidura) en una superficie llana. Se han observado y estudiado este tipo de huellas en varios sitios, desde el suroeste norteamericano (donde son más numerosas), hasta el Sahara Tunecino. Las trazas que más se han estudiado son las que se encuentran en el Valle de la Muerte, en California – Estados Unidos.

En 1948, el Servicio de Geología de Estados Unidos, mandó a dos investigadores a descubrir el porqué del fenómeno. Convencidos de que tenía algo que ver con el viento y la inundación ocasional de la zona, Jim McAllister y Allen Agnew mojaron una franja de la planicie y usaron un propulsor de avión para crear una fuerte corriente de aire con el fin de intentar mover las rocas: no lo lograron.

¿Por qué el ser humano se convence de poder realizar o demostrar situaciones completamente desconocidas ante nuestros ojos?

El número de rocas que parecían seguir trayectorias paralelas hacía sospechar a un profesor de Hampshire College, llamado John Reid, que durante el invierno la llanura se congelaba y la masa de hielo era empujada por el viento, arrastrando las piedras consigo. Por supuesto que no era una mala hipotésis…, hasta que una geóloga llamada Paula Messina, trazó las trayectorias de las piedras mediante GPS y, además de descubrir que las trayectorias no eran paralelas, calculó que la velocidad necesaria del viento para moverlas en este “escenario hipotético” rondaba los cientos de kilómetros por hora.

Las piedras se mueven sólo cada dos o tres años y la mayoría de sus huellas se conservan durante tres o cuatro años. Las piedras con base angulosa dejan trazas estriadas y rectas, mientras las que tienen base lisa dejan marcas divagantes. A veces, las piedras se vuelcan, y ponen en el suelo otra de sus “caras” que deja un rastro diferente.

Las piedras que empiezan su trayecto junto a otras, pueden viajar en paralelo hasta que algunas de ellas se desvía según cualquier dirección o, incluso, retrocediendo.

Se creía que este fenómeno completamente desconocido (en el por qué por supuesto) parecía producirse únicamente en el suroeste de Estados Unidos, pero en el 2013 se describieron numerosas trazas similares en una laguna efímera denominada Altillo Chica en La Mancha (España).

Luego en agosto de 2014, Richard Norris, James Norris, Ralph Lorenz, Jib Ray y Brian Jackson publicaron un estudio en “Plos One” (revista científica) en el que afirmaron haber observado directamente de forma científica y por primera vez el movimiento de las rocas. Para ello utilizaron rocas provistas con GPS, una estación meteorológica y la técnica fotográfica de cámara rápida, o también conocida como time-lapse. El 20 de diciembre de 2013 registraron el deslizamiento de más de 60 piedras. Entre diciembre de ese año y enero de 2014, algunas de ellas llegaron a desplazarse 224 metros en varios episodios. Observaron que el movimiento se producía cuando una fina capa de hielo de 3 a 6 mm comenzaba a fundirse hacia el mediodía y se resquebrajaba con vientos de 4-5 m/s. Sus trayectorias dependían de la dirección y velocidad tanto del viento como de la corriente de agua que fluía bajo el hielo.

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