Durante la madrugada del pasado 12 de agosto despegó, desde la base de la NASA ubicada en Cabo Cañaveral, Florida, EE.UU., la sonda solar Parker, la primera nave que llegará hasta el Sol.
La misión promete precisar varios misterios sobre el astro rey del Sistema Solar pero, para eso habrá que esperar hasta el mes de diciembre, momento en el que, si todo sale según los cálculos, la sonda llegará hasta la capa superior de la corona del Sol. Para cumplir su cometido la nave deberá viajar 150 millones de kilómetros y soportar temperaturas de más de 1300 grados centígrados. Se espera que la sonda solar Parker envíe a la Tierra imágenes detalladas de nuestra estrella, mida su campo magnético y catalogue los elementos presentes en el viento solar.

Una vez que la sonda abandonó la Tierra, hizo una maniobra en torno a Venus para reducir su velocidad y aproximarse de manera controlada al Sol. Además está previsto que la sonda llegue a su primer punto de aproximación al Sol el 5 de noviembre y continúe aproximándose más y más a la estrella a lo largo de 25 órbitas durante 7 años.
La sonda se desplazará a una velocidad de 200km por segundo, convirtiéndose en el objeto más rápido creado por seres humanos.
En su último acercamiento, en 2025, la Sonda Solar Parker se encontrará a unos seis millones de km de la superficie del Sol, tan cerca que volará a través de la corona y para sobrevivir a este calor extremo, la sonda cuenta con un escudo protector que mantendrá a los instrumentos de medición a apenas 30 grados centígrados.
Los científicos tardaron una década en desarrollar el escudo, compuesto de un material reforzado con fibras de carbono y recubierto de pinturas especiales que reflejan la luz solar.

«Hemos estudiado el Sol durante décadas y ahora finalmente podemos ir a donde está la acción», dijo en una conferencia de prensa Nicky Fox, una de las expertas del Laboratorio de Física Aplicada de la Universidad John Hopkins, en Maryland, quien fabricó la sonda.
«La energía solar afecta nuestro mundo y aunque el viento solar sea invisible, podemos verlo en torno a los polos en las auroras, que son hermosas y revelan las enormes cascadas de partículas que llegan hasta nuestra atmósfera», agregó Fox. La científica destacó que aún no se comprenden los mecanismos que «impulsan los vientos solares en nuestra dirección».
«Hemos estado esperando 60 años para que avanzara la tecnología que nos permitiera una misión tan arriesgada. Realmente llegaremos a donde no habíamos llegado jamás».