
Año tras año, es una tradición de Halloween que los niños vayan de casa en casa a pedir dulces. Pero también es una tradición de Jimmy Kimmel hacer que los padres de esos niños les bromeen diciéndoles que se comieron todo el botín.
Al parecer, muchos de esos niños definitivamente aman mucho más el azúcar de lo que pueden perdonar a sus padres. Las reacciones son increíbles. Algunos de estos pequeños han regañado a mamá y papá, otros simplemente lloraron o se quedaron perplejos.
A pesar de ello, hubo otros niños que demostraron tener más madurez y no se enojaron. Por el contrario, expresaron con gran ternura que perdonaban a mamá y papá y que los seguían queriendo a pesar de todo.