
Unas 800 hormigas, las que se encuentran en calles o en cualquier jardín, fueron enviadas en la cápsula Cygnus a la Estación Espacial Internacional para enseñar a los científicos cómo se comportan en un ambiente con poca gravedad.
Además, fueron expedidas al espacio para enseñar a los expertos cómo construir robots para que interactúen entre sí. Este experimento se debe a que las hormigas poseen un patrón que les permite conocer cuántas se encuentran a su alrededor por medio de sus antenas o el olfato.
Pero en un ambiente de microgravedad, estos invertebrados deben modifican su patrones y adaptarlos para mantener el trabajo en equipo característico de estos insectos. Gracias al estudio de estos principios, se puede fabricar robots que puedan trabajar en conjunto.
Milagros Legay / NetJoven