El conocido ‘popeye humano’ resultó ser simplemente una mentira. El brasileño Arlindo de Souza no construyó sus bíceps de 73 centímetros con base a seguidas idas al gimnasio.
Desgraciadamente su único ‘secreto’ fue inyectarse una mezcla de aceites minerales y alcohol desde hace ya dos años. Según la cadena ABC el brasileño prácticamente ha jugado con su vida y ha podido morir en cualquier momento ya que aquellas sustancias son sumamente peligrosas.
Arlindo no aconseja a nadie a seguir esta práctica y dijo que él mismo ha empezado a controlar las inyecciones reconociendo que incluso ha usado esteroides y vitaminas de caballo para ganar masa muscular.
Elena Cortés / NetJoven