Amor vs dinero: No soy tacaño, soy misio

AmorFoto: Referencial

Cuando empezamos a ser enamorados no tenía plata para nada. Lo poco que podía conseguir me alcanzaba para el pasaje a su casa. No salíamos seguido a pasear ni nos dábamos el lujo de comer en lugares caros. Era vergonzoso que mis monedas no me alcanzaran ni para un helado D’onito. A pesar de todo sabía que yo no era tacaño, era misio. A veces me daba vergüenza sacar la billetera porque no había nada, solo papeles viejos de recibos que no sabía para qué guardaba.

Para su cumpleaños junté mis propinas para comprarle un peluche enorme, más grande que ella, y un ramo de flores que le gustó batante. Ese día llegué a su casa y se lo tuve que entregar frente a toda su familia. Yo estaba muy nervioso, pero no había marcha atrás: el amor que sentía era más fuerte que mi timidez.

No peleábamos ni discutíamos ni había malos entendidos ni nada, era todo perfecto. Ella me quería y yo a ella. Creíamos en nosotros y confiábamos en lo que habíamos formado. Estábamos seguros de nuestro amor y alimentábamos nuestra relación con encuentros a escondidas y con besitos traviesos generados por una locura que no podíamos controlar, aunque en realidad tampoco queríamos hacerlo.

Cuando iba a visitarla el cuerpo me temblaba, sentía un temblorcito extraño en las piernas y el corazón se me agitaba más de lo normal, pero cuando estaba a su lado todo eso desaparecía. Verla me hacía muy feliz.

A su lado todo era distinto, no había problemas, ni tristeza ni preocupaciones; simplemente el mundo dejaba de existir, nada importaba, sólo ella.

Ahí comprendí que no necesitaba plata para enamorarla o hacerla reír. Pasamos mucho tiempo sosteniendo nuestro amor con detalles, con palabras, cartas, poemas, regalos, besos, caricias y noches interminables; todo nos gustaba, y nos gustaba porque estábamos juntos, eso era lo más importante.

Con el tiempo, ella se dio cuenta que lo poco que yo tenía para gastar no alcanzaba para los dos, por eso cuando queríamos salir a pasear ambos juntábamos lo que teníamos y nos íbamos adonde sea: al malecón, al parque, a comer, a la playa, al zoológico, al cine o algún club campestre. Fuimos muy felices todo el tiempo que duró nuestra relación.

Un día decidimos terminar porque era lo mejor para los dos. Ya no nos soportábamos y peleabamos de cualquier cosa. Nos lastimábamos sin motivo.

Me gustaría que se vuelva a enamorar y que encuentre el amor que yo soñaba darle. aunque lo más probable es que ya haya encontrado a la persona que esperaba. 

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