
El 12 de junio de 2008, un entusiasta Alan García anunciaba que el gobierno peruano intentaría poner a Lima como una de las candidatas para ser la sede de los Juegos Panamericanos 2015. La noticia llegaba sin previo aviso, evidentemente inspirada por la notable realización de la cumbre ALC-UE, en la que el Perú había podido organizar satisfactoriamente la visita de más de 20 presidentes. Lamentablemente la fugacidad de la decisión no sirvió para convertir a la ciudad de los reyes en la elegida para el evento, quedando como ganadora Toronto (Canadá).
El presidente Alan García había hecho público, previamente, su interés porque alguna ciudad de Perú sea sede de los Juegos Olímpicos 2016. Sin embargo, serlo no podría realizarse ya que el proceso para ser candidata ya había culminado y porque antes se debía haber sido candidata a unos Juegos Panamericanos. Es por ello que el mandatario se apresuró con la intención de hacer Lima 2015.
Y digo que se ‘apresuró’ porque hay una clara tendencia de los gobernantes peruanos (y del pueblo, en general) por hacer todo a último momento. Por ejemplo, para las cumbres del 2008 (en las que Lima albergó a varios presidentes de todo el mundo), se trató de solucionar los problemas viales de la ciudad en menos de un año, ocasionando mayor caos. Sin embargo, si fuésemos realmente organizados, a lo mucho, se hubieran tenido que arreglar algunas pocas avenidas. Del mismo modo, el deporte peruano no recibe un apoyo real ni constante; y de un momento a otro se trató de resarcir el hecho. ¿Cómo? Tratando de organizar un evento como los Juegos Panamericanos, para los que no teníamos infraestructura, ni deportistas.
Es una realidad que Perú suele ser uno de los países con menos participantes en estos acontecimientos. Esto no se debe a la falta de nivel de nuestros atletas; sino que el problema viene de otro lado, el factor económico. Mientras países como Cuba y Venezuela invierten millones de dólares en sus atletas, para que ellos sólo piensen en practicar su deporte, en Perú el presupuesto es escaso y mal repartido.
Ser deportista en Perú, es una condena. Sin pensar en el sector público, el sector privado tampoco hace gran cosa por nuestros atletas, más allá de dar auspicios a quienes ya han conseguido triunfos (como Sofia Mulanovich, Kina Malpartida, Ramón Ferreyros, Luis Horna, entre otros). El punto es que ambos sectores deben entender que el deporte es uno de los pocos fenómenos que mueve a las masas hacía la unidad nacional y es un espacio en el que se puede brindar mucha felicidad y orgullo. Para tener más unión y sentimiento patriótico, entonces, hay que apoyar a los que recién comienzan para que no se pierda tanto potencial.
Sobre el planteamiento de la estrategia hay muchas cosas plausibles. Se creó un buen logotipo que mostraba una Lima que pegaba un ‘Gran Salto’, demostrando que nuestra capital estaba en crecimiento. Asimismo, presentaba nuestro mar, costa, sierra y selva. Con el slogan ‘Lima 2015: La mejor sede’, la ciudad de los Reyes se llenaba de carteles rojos que trataban de llenar de optimismo a todos para convertirnos en la ciudad organizadora de los Juegos Panamericanos 2015.
Asimismo, se debía establecer cuáles eran las fortalezas de Lima, frente a las ciudades contrincantes de Toronto (Canadá) y Bogotá (Colombia). Para empezar, se señalaba que nuestra capital está en la costa por lo que sería fácil de organizar las competencias de vela y remo, entre otras; y que contaba con un clima ideal. Además, en cuanto a la seguridad, se apelaba a la buena realización de las cumbre ALC-UE y APEC.
Por otro lado, los eventos deportivos que mejor sostenían el sueño de convertir a Lima en la sede de los Juegos Panamericanos 2015, eran el Mundial de Fútbol Sub-17 2003 y la Copa América 2004. Sin duda, ambas estuvieron muy bien ejecutadas con hermosas ceremonias de inauguración y clausura, que dejaban en lo alto la diversidad cultural del Perú. Sin embargo, estas experiencias no se comparan a lo que involucra realizar la máxima junta deportiva de la Américas, donde se reúnen cerca de 6000 atletas.
El 6 de noviembre de 2009, los miembros de la Odepa (Organzión Deportiva Panamericana), elegían como sede de los Juegos Panamericanos 2015 a Toronto (Canadá), truncando el sueño de que Lima fuera por primera vez sede de un evento deportivo de esta magnitud.
Toronto, que recibió 33 votos de los miembros de la Odepa (mientras que Lima recibió 11 y Bogotá, 7), fue escogida principalmente porque ya contaba con la mayor parte de su infraestructura terminada –porque hay una inversión constante en deporte–. He ahí la clave para una próxima candidatura de Lima (u otra ciudad peruana), el apoyo tiene que estar siempre, tanto a los deportistas como a sus
Si algo hemos aprendido como país, luego de ver frustrada la candidatura de Lima, es que no podemos dejar todo a último minuto. Si realmente nos importa nuestro deporte, proyectos como la modernización del Estadio Nacional deben continuar. Lima 2015 no se dio, pero este pequeño tropiezo no es el fin. Con las remodelaciones que se harán próximamente, podríamos pensar pronto y con más seriedad en los Juegos Panamericanos 2019.
Sin embargo la misión del gobierno no puede quedar sólo en mejorar la infraestructura (porque nuestras deficiencias no sólo están allí). Desde luego, tener más y mejores espacios para practicar un deporte, incrementarán el número de atletas. Pero no es suficiente ya que esto no genera una rentabilidad para los deportistas; no olvidemos que este es su trabajo y hay que revalorar su entrega.
Por: Silvana Sifuentes / Netjoven