
El patrón psicológico de las mujeres con el síndrome de Cenicienta cuenta con tres características básicas: un deseo inconsciente de ser cuidadas, rescatadas y atendidas constantemente por otras personas incluso ajenas a la pareja sentimental.
Este tipo de comportamiento puede explicarse por varios factores. Y es que según la Colette Dowling, su raíz está en una suma de motivaciones: desde la manera en la que se educa a la mujer hasta ciertas reglas sociales que llevan a las mujeres a sentirse de esta manera, lo cual dificulta una explicación simple al problema.

De algún modo, el poso cultural basado en el machismo sigue alimentando esta clase de actitudes y de filosofías de vida que marcan fuertes distinciones entre lo que es propio de lo femenino y lo que corresponde a lo masculino. Lo primero es frágil y debe ser cuidado desde fuera, y lo segundo es fuerte, firme y autosuficiente. La combinación de los roles de género que se derivan de esta percepción polarizada del hombre y la mujer crea, entre otras cosas, el complejo de Cenicienta.

Algunas de las características propias del complejo de Cenicienta son las siguientes:
- Baja autoestima.
- Dependencia constante.
- Miedo a salir de la zona de confort.
- Idealización de la pareja.