
Afirman que se produce un mayor grado de intimidad tras conocer a la otra persona a fondo. Estas preguntas se dividen en tres secciones, varían su intimidad de manera gradual y requieren cada vez mayor confianza para responderlas.
Por ejemplo, la primera pregunta es “¿A qué persona invitarías a cenar si pudieses elegir a cualquiera?”, mientras que la última se formula de la siguiente manera “Comparte un problema personal con tu interlocutor y pídele que te dé su opinión sobre cómo habría actuado. Pregúntale como cree que te sientes en relación al problema que le acabas de contar”.
Para Arthur Aaron, “uno de las factores más importantes sobre estas preguntas es la autorrevelación. Revelar cosas sobre uno mismo tiene que producirse de manera gradual, y requiere confianza». Según cuenta el investigador, «si vas demasiado rápido, la otra persona puede sentirse cohibida y desconfiada. Pero si empiezas con algo que no es demasiado personal y luego poco a poco pasas a formularle preguntas cada vez más personales, ambos interlocutores se sentirán cómodos”