Soy peruana y me fui a vivir a Chile. Esta es mi alocada experiencia

¿Crees que es tan terrible como parece? ¡Lee esto y lo sabrás!

Si de clichés hablamos definitivamente pensar que lo peor que te podría pasar es ser peruan@ y vivir en Chile es uno de ellos. Mi historia comenzó alrededor de dos años y medio atrás cuando mi lado necio simplemente se cegó por amor y mis atrevidos primaverales 21 años decidieron aventurarse. Estoy segura que por mi mente pasó el "¿qué de malo podría pasarme si me voy a vivir a Chile? Bueno, la vida rápidamente me respondió esa pregunta. 

Antes de seguir quiero aclarar que esta columna está netamente basada en mi experiencia y apreciación personal. La vida me ha ido enseñando que para cualquier tipo de situación cada persona reacciona y se siente distinto, todos tenemos nuestros propios ritmos y maneras de ver la vida y eso se respeta.

Después de recorrerme en bus todo el norte de Chile, desde Arica hasta Santiago en 29 horas, empezó mi aventura. Nunca imaginé que me quedaría a vivir aquí, yo solo iba con el objetivo de "un par de meses para probar". 

Al prinicipio todo era maravilloso. Estaba tan feliz de tener al lado mío a mi novio, su hermana es una de mis mejores amigas, y el papá de ellos siempre fue un gentil, amoroso y amable hombre que me acogió como si fuera su tercera hija. Por un momento le tuve fe a esta ciudad llena de edifcios modernos, pero con sueldos tercermundistas y con precios excesivos que hacen que el chileno promedio tenga que trabajar prácticamente todo el día simplemente para "sobrevivir". 

El primer mes lo tomé "sabático". Desde que cumplí 18 años me independicé en Lima, estudiaba y trabajaba al mismo tiempo y hasta que me gradúe así era mi vida (creo que muchos han pasado por esto y entienden a lo que me refiero cuando digo que la rutina nos puede matar por completo). Ya para el segundo mes comencé la búsqueda de trabajo, y el proceso fue bastante rápido porque conseguí entrevistas a los días de enviar un par de curriculums. 

El lugar donde conseguí chamba fue el lugar que me acompañó durante estos casi 3 años en Chile. Al inicio me emocioné tanto... había entrado a un medio digital que siempre me gustó, y en el cual siempre quise escribir. 

Cuando empecé a trabajar en este medio digital pensé que la vida iba de maravilla. Era bastante social entonces asumí que en un ambiente de pura gente joven haría grandes amigos, y aunque hubieran momentos de tristeza y soledad, podría hacer una vida genial por estos lares. Desgraciadamente el tiempo me fue enseñando que no todo es tan asombroso, y por más que intentes que sea así hay momentos/situaciones/personas con las que eso simplemente jamás va a pasar. 

Cuando uno es migrante de antemano tiene que aceptar que siempre va a ver una parte de ti que nunca pertencerá a ese país extranjero que te acogió. En mis casi 25 años he tenido que migrar en más de 4 ocasiones, así que pensé que irme a Chile sería de cierta manera "fácil", y con esta chamba nueva que tanto quería mis expectativas por un momento volaron alto. 

Conforme iban pasando los meses fui cayendo en la dura aceptación de que la xenofobia existe, y ese racismo puro creado por nada menos que ignoracia es incombatible. Ser migrante es aceptar que hay momentos donde simplemente tienes que agachar la cabeza y aceptar que no estás en tu país, estás en el país de esa gente que te tira tanta porquería y que te desprecia por tu nacionalidad. 

Un día estaba parada en el metro de Santiago, esperando el tren para irme al trabajo. Estaba conversando con una chica que había conocido instantes antes de entrar ahí. Apenas dejé de hablar escuché dos voces atrás mío diciendo "los comepalomas nos están invadiendo, y encima se quejan cuando los criticamos. Ya ni se acuerdan que los chilenos les estamos dando de comer, y mira esta qué se creerá... hasta apesta". Al inicio no quise hacer caso pero las dos personas siguieron y siguieron. Todos alrededor mío escucharon esto y nadie hizo nada, hasta que no aguanté y decidí defenderme (típica reacción humana). Fue tanto el descaro de una de esas personas que se dio el atrevimiento de empujarme, y eso que yo estaba al borde del anden, si me hubiera empujado un poco más fuerte me hubiera tropezado y hubiera caído directo a los rieles del tren. Ese momento lo guardó conmigo porque fue la primera vez en mi vida que alguien se dio el derecho de ofenderme y encima agredirme porque ser extranjera. Esa persona no tenía la menor idea de quién era yo, o el tipo de persona que era... a esa persona no le interesó en lo más mínimo respetarme como un ser humano, esa persona no solo se burló de mi e hizo referencia a todos los peruanos al decir "comepalomas", sino que se surró y dejó su pisca de humanidad de lado por un rechazo interno de no querer que haya más extranjeros en su país. 

No pude ir al trabajo aquel día, porque lo único que atiné a hacer es irme a mi casa y llorar, llorar tanto tanto porque realmente me dolió profundamente haber vivido una situación así. Recuerdo las palabras de mi madre, una mujer rusa que también ha sido migrante por más de la mitad de su vida: "hija componte, sé fuerte, y afronta el hecho que estas situaciones puede pasarte cuando eres migrante". Ese fue el primer día que realmente supe el significado de lo que era hacer vida afuera de ese lugar del que provienes. 

A pesar de que por más de la mitad de mi vida he vivido fuera de Perú y de no haber nacido en nuestra bella tierra, mi padre siempre se encargó de enseñarme a amar nuestra cultura, nuestros ritmos, nuestra gastronomía, nuestra camiseta, nuestra maravilla del mundo, así que yo... yo soy bien bien peruana, más peruana que la papa, la yuca, el cevichito de pota del mercado, y el seco chavelo piurano. Entonces cuando algun chileno intenta ofender a mi blanquirroja me duele y bastante. Es impotencia infinita, es un sentimiento que debes de vivirlo para entenderlo.

Historicámente tenemos nuestros choque con este país tan lejano en el continente y desde antes de venir siempre había escuchado esas bromas de que los chilenos son rotos y que los peruanos son comepalomas. Siempre supe que la rivalidad y el desamor existe (aunque claramente NO debería), pero nunca pensé que eso influiría tanto en mi vida. 

Deespués de ese desastroso episodio, seguí... y seguí mentalizada en crear una estadía armoniosa aquí. Poco a poco fui conociendo otros extranjeros que también compartían de cierta manera ese vacío de extrañar a su gente, y esa ligera rabia del excesivo racismo por parte de algunos chilenos. Y así de a pocos mis días fueron avanzando, me fui acostumbrando a su transporte público, a su moneda, y alguna que otra comida típica. Bien dicen que los seres humanos podemos adaptarnos a cualquier tipo de situación. Al mismo tiempo, me fui dando cuenta del clasismo y centralismo que existe, de las ideologías políticas, de cómo se maneja este país y por qué, a pesar de tantos errores, sigue siendo el que tiene mejor calidad de vida en Sudamérica en el presente. 

Si me preguntan qué significa ser mitad peruana y vivir en Chile podría decirles que cuesta y mucho, pero te acostumbras. Adaptas algunas de sus jergas, e incluso de a pocos formas un grupo de amistad bueno (mayormente entre extranjeros). De a pocos vas entendiendo por qué en Santiago la gente es tan distante, tan desconfiada. Lo más importante es que vas aprendiendo a amar cada vez más y más tu país, pero también a respetar esta tierra tan larga y tan peculiar que, aunque no te recibe con los brazos abiertos, te da estabilidad en aspectos que importan.  

En Chile he vivido momentos que me han destrozado por completo. He chocado con personas a las que simplemente les importa muy poco lastimar, momentos en los que por más cariño y buena onda que he entregado me han rechazado... he ido aprendiendo a ser más fuerte, porque si hay algo que Chile me ha dado es fortaleza para afrontar todo tipo de situaciones. Y también me he encariñado con sus bellos paisajes, e incluso con alguno que otro chiste interno que a veces lanzan por ahí.

No importa de dónde seas, el simple hecho de ser extranjero ya es un reto. Puede que Chile no sea el lugar más acogedor del mundo, pero sea lo que sea he logrado formar una vida aquí y eso igual demuestra que vivir acá trae cosas buenas. 

Las rivalidades entre Perú y Chile seguirán siendo las mismas. Seguiremos sacándoles en cara que para este Mundial de Rusia 2018 ellos no estarán, y seguiremos pensando que el chileno es atorrante. Seguiremos peleando por el pisco y hasta el suspiro a la LIMEÑA (notése el enfasis en limeña). Tanto como muchos chilenos seguirán rechazándonos y pensando que Perú no les llega ni a los talones.

Desgraciadamente esto es un tema cultural muy amplio que ni nuestros Gobiernos, ni nosotros queremos afrontar. A veces creo que nos olvidamos por completo que antes de nuestra nacionalidad lo que somos es seres humanos aquí y allá. 

*Esta columna es SOLO una introducción... espera la segunda parte pronto*.

Saludos compatriotas, y VIVA PERÚ C**AJO! 

Por: La Lune Chik

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Publicado: 29-04-2019

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