Sin paciencia ninguna relación funciona ¿o sí?

Y si no, ¿hasta cuándo dura?

Categoría: 100tifiko - Publicado: 16-11-2018

Para establecer y perseverar en una relación, no basta sólo el sentimiento de amar a la otra persona, la paciencia también es algo imprescindible para mantener la armonía en el día a día. Y tanta es su importancia que, definitivamente, muchas relaciones no terminan por la falta de amor, sino porque se acabó la paciencia.

Pero, ¿qué pasa realmente para terminar una relación sólo por la paciencia? Para que eso suceda se debe haber llegado al límite, ¿no? Al menos yo mantengo la paciencia dentro de mis límites y dentro de mi sentir, pero nunca he terminado una relación amorosa por ese motivo, pero sí quizás con amistades. Muchas veces la paciencia se basa en la creencia de que, luego del mal momento, vendrá algo mejor o recuperaremos un estado anterior más positivo...

Cuando algo o alguien acaba con la paciencia de una persona, logra que esta llegue al hartazgo, que se canse y no soporte más la situación. Las consecuencias frente a esto pueden variar, encontrándose la tristeza, la depresión, episodios de agresión o la huida, dando todo por perdido.

La paciencia es fundamental por una razón muy sencilla: es muy lógico que no nos gustará todo en nuestra pareja, siempre existirá algo que moleste, pero si actuamos impulsivamente, echándolo en cara sin pensar en cuánto de aquello que te molesta puedes expresar y buscar una solución, nada perdurará.

El amor nos lleva a respetar y admitir que la relación de pareja está compuesta por dos personas diferentes, con diversas educaciones y costumbres, historias y experiencias, por lo que debe existir un tiempo imprescindible para que las cosas se ajusten, comprendiendo las particularidades y las necesidades propias de cada un@.

Obviamente la paciencia debe ser parte de ambas personas en la relación, y si no es así, se establece una condición asimétrica, en el que los deseos y necesidades de una de las partes prevalecen y dominan a la otra parte.

Existen muchas causas por la que se puede perder la paciencia en una relación. Razones muy grandes o muy pequeñas, pero que normalmente se van sumando, hasta generar situaciones difíciles de superar. Cuando se traspasa el límite, llega la decepción y finalmente el término. Pero, ¿por qué muchas veces la gente cede ante estas situaciones y vuelven a perdonar independiente del daño causado? Se vuelve un ciclo sin fín que parece que no va a llegar nunca. ¿Hasta cuándo toleramos? ¿Hasta que nuestro cuerpo enferma? ¿Hasta que “el corazón nos diga”? ¿Por qué nos cuesta tanto ver lo que nos hace daño? Más aún si está frente a nuestras narices… Solucionar o poner punto final, son las claras opciones a seguir. Cualquier punto intermedio es tóxico y desemboca en relaciones poco saludables. Pero en cambio por otro lado en el verdadero amor debe haber reciprocidad, cuidado mutuo, afecto, demostraciones de afecto y reconocimiento de la importancia de la relación.

El punto de no retorno en una relación es bastante claro y real: cuando una de las partes cede tanto que ya ha perdido su propia autonomía como persona. Si eso se olvida y se pisotea, vamos por muy mal camino. Por otra parte, es bastante común en asimilar la paciencia a la pasividad. Si bien pueden tener un punto de contacto (la faceta aparente de no hacer) ahí se termina la semejanza.

La paciencia en sí tiene una faceta dinámica, porque nos permite observar, reflexionar y ver la auténtica realidad de lo que nos está pasando. La paciencia no es simplemente esperar, sino entender que ese tiempo implica la llegada, en un futuro, de algo mejor, una situación más positiva para nosotr@s.

Cuando la paciencia se termina, es necesario tomar acción. Lo primero y más difícil, es tener un poco más de paciencia para evitar actuar en forma impulsiva y contraproducente. Tener paciencia una vez más, pero para actuar siguiendo los dictados de la razón.

Esta nueva paciencia servirá para tomar las medidas adecuadas y esperar el momento de hablar, de poner un alto a la situación, decir claramente lo que se sientes y lo que se necesita. Si la relación nos importa y aún persiste el amor, no es posible evadir el problema, es necesario enfrentarlo, dialogar sobre el punto o los puntos que generan incomodidad, molestia o malestar. Si se desea luchar por la relación, adelante, pero debe ser un trabajo de los d@s, consciente y metódico.

Hablar de los problemas a medida que van surgiendo, es la clave. Las circunstancias no se solucionan solas y más bien se agravan, por lo que si dejamos transcurrir el tiempo, se harán más grandes.

El mejor momento para solucionar los problemas en tu pareja es hoy mismo. Todo es ahora, ¡actúa ya!

Por: Nathalia Ortiz

Comentarios: